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Sanando a la comunidad

Publicado: 10 Julio 2017

Querido lector, espero que haya tenido un bello 4 de Julio junto a su familia y amigos. Pensando en el día de la independencia, hoy quisiera comenzar compartiendo esta historia que sucedió algunos siglos atrás mientras este país buscaba su independencia de Inglaterra. Se cuenta que durante la guerra de la independencia norteamericana, un hombre joven se acercó al general George Washington y le dijo: Mi general, quiero que sepa que creo con todo mi corazón en usted y en la causa que defiende. El general Washington le agradeció firmemente por aquellas palabras y le preguntó: ¿En qué regimiento está usted? ¿Quién es su comandante? ¿Y qué uniforme usted lleva? Oh, no - respondió el joven, no estoy en el ejército, soy simplemente un civil. Entonces el general Washington respondió diciendo: Joven, si usted cree en mí, como dice, y también en la causa que defiendo, vaya y únase al ejército inmediatamente. Póngase nuestro uniforme. Busque un arma y venga a luchar con nosotros.

Esta corta historia nos ilustra el pasado, presente y futuro del ser humano. Podemos observar cualquier tiempo en la historia de la humanidad sin importar cuál sea la sociedad y nos encontraremos con muchas personas como este joven. Muchas personas dentro y fuera de la iglesia apoyan con grandes palabras y gran fervor diferente causas, pero su apoyo es solo verbal y pasivo. Ser pasivo es algo muy fácil de llevarlo a cabo porque no demanda nada especial de la persona.

Cuando leemos las Escrituras vemos que Dios nos ánima a estar involucrados en la causa de su Hijo, pues Él quiere librar al hombre de las consecuencias que el odio, la amargura, el orgullo y la avaricia producen. El evangelio de Juan capítulo 13, nos relata como el Señor Jesús lava los pies a sus discípulos. La lección que los apóstoles aprendieron fue que el Maestro quería que ellos se involucren en su causa de servir al prójimo con una actitud de humildad (Juan 13:8, 17). El apóstol Pablo dice en hechos 20:35, “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar, que recibir.” El fruto se logra al dar lo que tenemos, sea nuestro tiempo, dinero, conocimiento, amor, bondad o perdón. Si nuestro creer no va acompañado con acción, quedará sin fruto (Santiago 2:17). La Biblia nos enseña en cómo podemos convertirnos en hacedores, en participantes activos no para el bien de algunos, sino para el bien de todos.

Estimado lector, lo ánimo a que sea una persona hacedora en su matrimonio y familia. Si tiene dificultades para convertirse en ser hacedor, busque ayuda en personas que lo puedan guiar y equipar. La sociedad en la cual vivimos no necesita de personas simpatizantes sino de hombres y mujeres que quieran construir un futuro mejor y usted puede ser uno de ellos. ¡Qué Dios lo bendiga con su paz y gracia!

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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