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Sanando a la comunidad

Publicado: 24 Agosto 2017

Seguramente usted se ha dado cuenta que hoy en día muchas personas han sacado su enojo a la superficie. Muchos han elegido dar riendas sueltas al enojo que hay en ellos hasta el punto de hacer y decir cosas descontroladas. Por lo general este tipo de enojo termina con violencia. Cuando miramos los medios de comunicación cualquiera que estos sean, vemos que de una forma u otra no están promoviendo paz y estabilidad.

Parece ser que aunque vemos el pasado, las personas aún no han aprendido a valorar a otros y la vida misma. El ser humano se olvida del poder de destrucción que hay en todo enojo descontrolado. Es tan poderoso que destruye matrimonios, familias, comunidades y a la misma sociedad año tras año. Si queremos dejar un mejor futuro donde nuestros hijos y nietos puedan desarrollarse como personas, disfrutar la paz y llegar a alcanzar sus sueños; necesitamos educar a la gente de qué hay un mejor camino, de qué hay una mejor elección que podemos tomar. Y esta educación siempre comienza por nuestra propia casa.

La Biblia nos da muchas advertencias en cuanto al tema: “La persona enojada comienza pleitos; el que pierde los estribos con facilidad comete todo tipo de pecados”
(Proverbios 29:22). “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo” (Efesios 4:26-27). “Dios es un juez justo que condena la maldad en todo tiempo” (Salmos 7:11). “El necio da rienda suelta a su ira, pero el sabio sabe dominarla” (Proverbios 29:11). “...todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20). Estas y muchas más enseñanzas nos advierten que todo enojo debe ser controlado.

A pesar de que el enojo es una emoción y no hay nada de malo en ello, cuando esta emoción controla a la persona grandes desgracias pueden suceder. Por eso es tan importante en educar a la gente a controlarlo. Como el calor, el enojo tiene diferentes temperaturas, que van desde una simple irritación, hasta explosiones ardientes. Las personas están más propensas a tener un enojo descontrolado cuando tiene hambre, está muy cansadas o cuando está sufriendo dolor. Cuando sus sentimientos han sido lastimados, cuando sus expectativas no han sido alcanzadas, cuando siente miedo o cuando ven cometer una injusticia. Si usted ve que perdiendo el control, es tiempo de comer, tomar una siesta, caminar para relajarse y pensar mejor, hacer ejercicios o tiempo de orar a Dios. La elección que hacemos, debe ser siempre para mejorar las circunstancias pero nunca para empeorar la situación.

Salomón dijo, “Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). ¡Qué Dios nos bendiga a todos!, 

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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