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Sanando a la comunidad

Publicado: 26 Septiembre 2017

En la clase bíblica y en los sermones del día domingo a la mañana estamos viendo la historia desde el punto de vista de Dios y desde el punto de vista del hombre. Hemos podido ver una y otra vez cómo Dios lleva a cabo su plan a través de diversas circunstancias y personas comunes. Personas que el hombre jamás consideraría ser lo indicado para poder alcanzar el éxito.

Hasta el momento hemos hablado de cómo Dios construyó de la nada una nación poderosa, próspera en todos los aspectos, una nación imparable en todos los sentidos, una nación de cual todas las naciones de alrededor hablaban de ella. La pregunta correcta a hacernos es, ¿cuál era su secreto? ¿Qué ellos hicieron para llegar a ser esa nación? La respuesta es muy sencilla y profunda. Su secreto estaba basado en la práctica diaria de dos enseñanzas fundamentales. La primera enseñanza fue mencionada por el Señor Jesús y dice, “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30). Y la segunda enseñanza dice, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:31).

Seguramente usted ha escuchado estas dos enseñanzas en algún momento en su vida. El éxito, el secreto de esa nación en aquel tiempo de la historia, estuvo en el estilo de vida que ellos llevaban. Ellos amaban a Dios por encima de todas las cosas, y ellos se amaban unos a otros de la manera en que Dios les había instruido. ¡Su Dios era el secreto de su éxito!

Pero las escrituras nos cuentan que al pasar los años esa gran nación dejo de ser completamente devota a Dios. Ellos más bien se volvieron complacientes y dejaron de ser diferentes al resto de las otras naciones; dejando de lado la manera de cómo debían tratarse unos a otros. Ellos comenzaron a codiciar lo que su prójimo tenía; por lo tanto, comenzaron a robarse unos a otros. Sus palabras ya no tenían valor pues comenzaron a mentirse unos a otros. Aquellos que tenían autoridad comenzaron a recibir sobornos para favorecer al rico y poderoso. Y el pobre comenzó a ser despreciado y abusado. La compasión y la misericordia por el prójimo habían desaparecido, ellos comenzaron a llamar a lo que era bueno, malo y a lo malo comenzaron a llamarlo bueno.

No fue un enemigo externo que hizo que la nación se debilitará y se derrumbará con el tiempo, sino fue un enemigo interno. Cuando una nación, comunidad, familia e iglesia se olvida de practicar diariamente estas dos enseñanzas fundamentales, con el tiempo se derrumbará, no podrá permanecer de pie, pues está destinada al fracaso (Marcos 3:25).¡Esta es la enseñanza que debemos entender!

Debemos asegurarnos de hacer nuestra parte en nuestro hogar, en el trabajo, en nuestra iglesia y en la comunidad si es que queremos experimentar las bendiciones de Dios. ¡Qué Dios lo bendiga!

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067

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