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Sanando a la comunidad

Publicado: 10 Marzo 2017

El jueves por la noche tuve la oportunidad de asistir con mi familia por primera vez al Jefferson Performance Art Center que está sobre Airline Hwy. El motivo fue poder escuchar la Orquesta Filarmónica de Louisiana. Después de encontrar nuestros asientos en el segundo piso del auditorio tuvimos que esperar unos treinta y cinco minutos para que comience el concierto. Mientras que esperábamos, tanto los músicos que ya estaban en el escenario como aquellos que iban llegando afinaban sus instrumentos de cuerdas y de aire. Algunos de los músicos practicaban una y otra vez algunas de las partes que ellos deberían tocar. Por lo tanto, había todo tipo de ruidos que usted se pueda imaginar. Cuando llego la hora las luces se apagaron y después de las respectivas presentaciones y comentarios de qué iban a tocar comenzaron. La ejecución de cada uno de los temas fue muy bella.

Regresando a casa me quede pensando en el gran contraste que había entre, el antes y el después que el director de la orquesta llegará. Aunque los músicos habían sido las mismas personas, sus instrumentos sonaron completamente distinto. Entonces, ¿qué hizo la diferencia entre el antes y el después? La diferencia fue en que cada músico sin importar lo talentoso que fuera, tuvo que seguir las notas de su partitura. Tuvo que tocar su instrumento únicamente cuando le tocaba hacerlo siguiendo la dirección del director de la orquesta. Y aun el mismo director de la orquesta tuvo que sujetarse a la partitura también. El apóstol Pablo dijo, “Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con su función particular” (1 Corintios 12:27). Cada miembro de la orquesta tuvo una función en particular, pero todos juntos pudieron producir algo bellísimo.

Debemos darnos cuenta, de qué en la misma manera en que funciona una orquesta, la familia, la comunidad y la iglesia funcionan. Cuando cada parte quiere tocar lo que quiere, es como “el antes” la persona produce un sonido que no armoniza con aquellos que están alrededor y es desagradable. Pero cuando cada parte de la comunidad hace su parte podemos producir la armonía que todos queremos lograr. El rey David dijo, “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmos 133:1).

Recuerde, “Aunque las partes del cuerpo pueden ser muchas, el cuerpo es uno solo.” (1 Corintios 12:20). ¡Qué Dios bendiga su orquesta!

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, La 70183-0067.

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