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Palabras de la Editora

Publicado: 10 Febrero 2018

Desde el anuncio de la cancelación de DACA, no ha habido ni un tan solo día en el cual las noticias, los activistas, las organizaciones pro defensa de los inmigrantes y los derechos civiles así como los políticos de la Casa Blanca republicanos y demócratas hayan dejado de hablar del tema.

El presidente Donald Trump ha venido acabando lentamente con los sueños de todo aquel inmigrante que estaba amparado con algún tipo de beneficio migratorio que les permitía vivir y trabajar sin temor en este país. Es importante entender que el no está solo en estas decisiones, los que votaron por el sabían que algo así podía pasar, pero se la jugaron y ahora no hayan como taparle el ojo al macho ya que vendieron al amigo, hermano o familiar por prosperidad financiera. Querían una América grande de nuevo, pues aquí la tienen y será a costa del sufrimiento de muchos lo más seguro.

El anuncio lo hizo el fiscal general Jeff Sessions en Septiembre y aunque es un tema que provoca una mezcla de sentimientos encontrados porque se trata de la masiva deportación de adolescentes en su mayoría que llegaron siendo niños y que el único país que conocen es Estados Unidos, existe un buen grupo de estadounidenses para los cuales los inmigrante somos invasores. Olvidando la valiosa aportación que los inmigrantes le han dado al país.

En todas las áreas importantes del gobierno siempre ha habido un inmigrante, quizá fue eso lo que motivo la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA, por su sigla en inglés) que fue firmada por el presidente Ronald Reagan en 1986. Esta le otorgó estatus legal a 2,7 millones de personas al tiempo que reforzó la seguridad en la frontera con México y añadió castigos estrictos a los empleadores que contrataran a trabajadores indocumentados.

Los que se oponen a la legalización de los Dreamers piensan que “Otorgarle estatus legal a podría causar un efecto dominó en el que otras familias traigan a sus niños pequeños con la esperanza de que con el tiempo a sus hijos también se les otorgue el estatus legal”. Sin embargo en este juego de poderes el presidente Trump ha dejado ver que si el Congreso le aprueba su presupuesto para el muro, el con gusto firmara cualquier propuesta en relación a DACA.

Hay quienes piensan y con justa razón que, todo el mundo necesita tener un enemigo. Si no existe, habrá que crear aquel símbolo de rivalidad sobre el cual depositar nuestras debilidades o carencias. Y en política la construcción del enemigo es una práctica recurrente e imprescindible, de ahí que se crea que los inmigrantes son un potencial peligro para la economía de este país.

No podemos desestimar la facilidad con que pueden llegar a tomar fuerza en nuestra sociedad, ideas racistas que parten de una táctica discursiva –favorable a ciertas élites- que enfatizan en la polarización. La representación del Otro como un peligro es el detonante de la xenofobia. La adaptación cultural es compleja, pero si concebimos y enfatizamos la presencia de los Otros como un estorbo -porque vienen a quitarnos el trabajo, a cambiar la apariencia de nuestra ciudad, incluso de nuestros genes- y no como una oportunidad para enriquecernos culturalmente y como seres humanos, no lograremos una adaptación pacífica ni constructiva.

Las políticas de miedo están tratando de socavar las estructuras de una sociedad norteamericana que siempre le dio la mano al inmigrante, pero de antemano les queremos decir que esto solo funcionan cuando la gente se paraliza y de algo estoy segura, los inmigrantes seguiremos luchando por permanecer y lograr ser reconocidos en la reforma que se haga a la ley de migraciones.

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