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Salvadoreños viven incertidumbre sobre su futuro con la cancelación del TPS

Publicado: 11 Enero 2018 | Visto 568 veces

Desde su pequeña casa ubicada en un pueblo al oeste de San Salvador, Flor Tovar vivía con tranquilidad. Al pensar en el futuro de su familia imaginaba que sus hijos se mudarían a Estados Unidos y ella podría seguir viviendo de las remesas que recibía de su marido, pero el mundo se le vino abajo cuando se enteró de que él, su padre y sus dos hermanos prontoperderían el beneficio migratorio del TPS y podrían verse obligados a regresar a El Salvador.

El anuncio del fin del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) que realizó el lunes el gobierno de Donald Trump implica que no se renovará la protección legal otorgada a los salvadoreños tras los daños causados por un huracán en 1999 y un terremoto en 2001. Éste había sido renovado en varias oportunidades, pero ahora Estados Unidos argumentó que El Salvador ha recibido cuantiosa ayuda internacional y que gran parte de la infraestructura del país ha sido reconstruida, por lo que no se justifica el beneficio.

En consecuencia, los 195,000 salvadoreños amparados tendrían 18 meses de prórroga, tiempo durante el cual deberían buscar soluciones para que puedan continuar viviendo y trabajando en Estados Unidos. Se estima que este grupo tiene un aproximado de 192,000 hijos en ese país.

“Nos encontramos en un callejón sin salida”, dijo Flor. La salvadoreña de 33 años no trabaja porque vive de las remesas que envía su familia y dedica todo su tiempo a cuidar a sus hijos.

“No sabemos que vamos hacer. Sin ese dinero no sé como voy a mantener a mis hijos”, agrega.

Flor y sus hijos —Elías O. de 12 años y Cristian A. de 10— viven en una pequeña comunidad de bajos ingresos en la jurisdicción de San José Salitrillo, a 43 millas de la capital salvadoreña, en una zona con alta presencia de las pandillas que asedian a los jóvenes.

Como muchas otras salvadoreñas, Flor dice que su mundo se derrumbó cuando escuchó que Estados Unidos daba por terminado el TPS. Con desesperación buscó a su marido, Elías Colocho, y habló con él desde Richmond, Virginia, donde vive y trabaja.

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