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La investigación del crimen de Khashoggi apunta a la corona saudí

Publicado: 19 Octubre 2018 | Visto 101 veces

Maher Abdulaziz Mutreb aterrizó en Estambul el pasado 2 de octubre a las 3 de la madrugada y regresó a Riad, de donde venía, a las cinco de la tarde. Durante esas 14 horas, Mutreb, un alto cargo del Departamenteo de inteligencia saudí, estuvo en el consulado de su país junto con otros 14 hombres para recibir al periodista Jamal Khashoggi.

Los 15 son oficiales de alto rango dentro del Gobierno de Riad. Según las investigaciones, Mutreb era guardaespaldas personal de Mohamed bin Salmán, el príncipe heredero saudí y quien mueve los hilos en la monarquía del Golfo. Juntos, Bin Salmán y Mutreb habían viajado en visita oficial a varios países, España entre ellos.

Por ello, las investigaciones de la policía turca, cada día que pasa apuntan más y más alto: fuentes anónimas han asegurado a la prensa que la orden de asesinar a Khashoggi llegó desde la misma cúspide del poder en Riad. Bin Salmán y su padre, el rey Salmán bin Abdulaziz lo han negado en ya incontables ocasiones.

El presidente estadounidense, Donald Trump, de momento, les cree y considera que podría ser una acción de un grupo de saudís que actuaron por su cuenta.

Pero los servicios de inteligencia de Trump no están de acuerdo en ese punto. The New York Times asegura que, dentro de la CIA, el departamento de inteligencia exterior de los EEUU, cada vez son más las voces que creen que el culpable de lo ocurrido no es otro que Bin Salmán. Hasta hoy no hay pruebas que lo demuestran, dicen, pero en Arabia Saudí nada pasa sin que él lo ordene o, como mínimo, dé su consentimiento. Una acción de este tamaño ejecutada por libre se hace impensable.

Pero Bin Salmán, delante del secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, que ha viajado esta semana a Riad y Ankara para esclarecer lo ocurrido, dijo que él no sabía nada: que la monarquía saudí desconoce lo que pasó ese 2 de octubre dentro del consulado de su país en Estambul. Pompeo, supuestamente, le dió a Bin Salmán tres días para esclarecer lo ocurrido. Ya han pasado dos.

Casi tres semanas después, en el caso hay pocas cosas probadas y muchas hipótesis y filtraciones. Lo seguro es que el periodista entró en el recinto consular ese martes 2 de octubre a la una del mediodía.

Dentro, le esperaba el grupo de 15 hombres recién llegados de Riad, entre los que había, además, un médico forense, Salah al Tubaigy, entrenado, según se ha sabido este jueves, en Australia. Khashoggi nunca salió de esas instalaciones, al menos por su propio pie.

A partir de aquí, toda la información está pendiente de confirmación, proporcionada en cuentagotas —cada día una pequeña dosis más letal y extrema que la anterior— a la prensa turca e internacional.

Según las filtraciones, Khashoggi fue llevado a una sala, donde fue torturado y descuartizado vivo. El trámite, ejecutado con un serrucho para cortar huesos que el médico forense había llevado especialmente para la ocasión, duró tan solo siete minutos: el justo tiempo que tardó el periodista en morir.

Una vez terminado el trabajo —realizado mientras sonaba música de fondo—, los saudís, supuestamente, pintaron las paredes manchadas de sangre y descuartizaron el cadáver para deshacerse de él. El paradero del cuerpo, hasta la fecha, es una incógnita.

La policía, que también investigó la residencia del cónsul saudí en Estambul, ha dicho este jueves que extenderá las pesquisas a un bosque cercano a Estambul y a la ciudad de Yalova a unos 100 kilómetros de la capital cultural turca, donde una de las furgonetas de los saudís fue vista esa misma tarde.

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