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Alemania se prepara para la sucesión de Merkel

Publicado: 07 Diciembre 2018 | Visto 49 veces

Un accidentado viaje a Buenos Aires para acudir a una nueva cumbre del G-20 y otro vuelo transoceánico para atender el funeral del expresidente estadounidense George H.W. Bush.

La última semana de Angela Merkel como indiscutible líder del conservadurismo alemán no ha podido ser más ajetreada. Mientras tanto, Alemania se prepara para una sucesión llena de interrogantes.

Tras 18 años al frente del partido, este viernes la era merkeliana empieza a despedirse con la elección de una nueva presidencia para la hegemónica Unión Demócrata Cristiana (CDU).

Reunidos en el congreso federal de Hamburgo, los 1.001 delegados llegados de asociaciones regionales de toda Alemania deberán elegir un relevo para Merkel, una decisión trascendental que marcará el futuro del país.

El futuro del movimiento conservador alemán pasa por tres candidatos. En los últimos 15 días Annegret Kramp-Karrenbauer, Friedrich Merz y Jens Spahn han viajado por todo el país y han debatido en ocho conferencias regionales para mostrar sus posiciones y darse a conocer entre votantes, organizaciones sindicales y el ala juvenil del partido. Desde 1973 la CDU ha tenido tan solo tres líderes. Este viernes se elegirá al cuarto.

Asediada por un auge ultraderechista que se ha traducido en batacazos electorales y una mayor presión interna, el pasado 29 de octubre Merkel anunció que era momento de dejar paso a una reforma de la mano de su heredera.

En femenino, ya que es Kramp-Karrenbauer quien, entre las bases, parece ser la favorita para liderar la CDU. Más moderada que sus rivales, la delfín política de Merkel fue abrumadoramente elegida en febrero como secretaria general del partido. Aunque le da su apoyo, la cancillera ha evitado entrar en campaña.

Según los últimos sondeos, un 48% de las bases conservadoras —que no participarán en esta votación— apoyan a AKK, como se la conoce. La expresidenta del Estado del Sarre, reconocida por un estilo sosegado y pragmático como el de la cancillera, se ha visto influenciada por la dureza del debate migratorio.

Su cercanía personal y de estilo político con Merkel es a la vez su mejor baza y su punto flaco. Consciente de eso, ha endurecido su tono, pidiendo acelerar las deportaciones y prohibir de por vida la entrada en Europa de solicitantes de asilo condenados por crímenes graves.

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