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Disturbios en las calles de Charlottesville, Virginia; dejaron cuatro muertos y 35 heridos

Publicado: 13 Agosto 2017

Violentas refriegas se registraron este sábado entre militantes antirracistas y grupúsculos de la extrema derecha estadounidense reunidos en Charlottesville, en Virginia, obligando al gobernador del Estado a declarar el estado de emergencia y a la policía a prohibir la manifestación.

En medio de nubes de gas lacrimógeno, los enfrentamientos a golpes entre manifestantes de la derecha radical y contra-manifestantes se multiplicaban aún antes de comenzar la movilización, con riñas, arrojándose proyectiles e intercambiando golpes con palos.

En ese clima de alta tensión, los temores de que se produjeran hechos más graves se incrementaban porque los manifestantes portaban armas a la vista, algo que está permitido por la ley en el estado de Virginia.

Más tarde, testigos denunciaron que un automóvil embistió a la multitud provocando la muerte de una mujer y varios heridos. En un video publicado en las redes sociales, se ve cómo un automóvil oscuro golpea violentamente a otro vehículo por detrás y luego retrocede velozmente en medio de los manifestantes. Otras imágenes muestran a varios heridos en el suelo.

Luego, las autoridades locales dijeron que la muerte de dos personas en el choque de un helicóptero cerca de Charlottesville ha sido vinculada con el mitin nacionalista. Hasta el momento no estaba claro cómo es que el choque de la nave está relacionado con la protesta. Corinne Geller, vocera de la policía estatal de Virginia, dice que el piloto y un pasajero murieron al caer el helicóptero el sábado por la tarde.

Hacia el final de la tarde, al menos 35 personas eran o habían sido atendidas por heridas graves o leves, informó el jefe de policía de Charlottesville, Al Thomas.

Los miembros de las milicias de extrema derecha tomaron una postura paramilitar, con fusiles semiautomáticos en bandolera, no lejos de las posiciones de las fuerzas de seguridad que fueron llamadas al lugar.

Ante los incidentes, la policía antimotines decidió no permitir la manifestación que estaba prevista y procedió a la evacuación del parque público donde iba a tener lugar. Los efectivos realizaron un número no precisado de detenciones en el operativo.

Los grupos de la derecha radical, entre los que figuraba el Ku Klux Klan y neonazis, querían denunciar y oponerse de forma unitaria al proyecto de Charlottesville de retirar de un espacio municipal la estatua del general confederado Robert E. Lee, quien luchó a favor de la esclavitud durante la Guerra Civil estadounidense.

El presidente estadounidense, Donald Trump, se pronunció sobre estos episodios a través de Twitter, llamando a la unidad. "Todos debemos estar unidos y condenar todo lo que el odio representa", escribió. "No hay lugar para este tipo de violencia en Estados Unidos. ¡Vayamos juntos como uno!"

También la primera dama, Melania Trump, condenó el sectarismo. "Nada bueno sale de la violencia", tuiteó desde su cuenta.

Ante la situación de violencia en la ciudad, el gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, declaró el estado de emergencia, una medida que le permite movilizar una mayor cantidad de medios policiales.

Algunos manifestantes, que apoyan la supremacía de la raza blanca, llegaron enarbolando banderas confederadas, un símbolo considerado racista por buena parte de los estadounidenses.

McAuliffe había exhortado el viernes a los habitantes de la ciudad a que no asistieran a la manifestación, por la cual un destacamento de la Guardia Nacional había sido puesto en estado de alerta.

"Las numerosas personas esperadas (el sábado) en Charlottesville quieren expresar ideas consideradas por mucha gente, incluido yo mismo, como abyectas. Mientras lo hagan pacíficamente, están en su derecho", señaló el gobernador, quien había ordenado a las fuerzas del orden "actuar rápidamente y de forma decisiva" en caso de que hubiera actos de violencia.

Las autoridades temían que miles de militantes nacionalistas y militantes antifascistas se enfrentaran durante esta manifestación promovida por la extrema derecha.

"Este evento podría ser una vitrina histórica de odio, reuniendo en un solo lugar un número de extremistas inédito desde hace al menos una década", advirtió Oren Segal, director del Centro sobre extremismo de la Liga Antidifamación, una asociación que lucha contra el antisemitismo.

El 8 de julio, algunas decenas de miembros del Ku Klux Klan ya se habían reunido en este tranquilo y pintoresco pueblo, muy superados en número por los manifestantes antirracistas. Pero las imágenes de estos extremistas con su vestimenta tradicional fueron difundidas en todo el mundo.

Esta vez, la derecha nacionalista esperaba atraer a más seguidores, gracias a la presencia de varios funcionarios del movimiento Alt-Right, que apoyó a Donald Trump durante su campaña.

Los participantes, supuestamente llegados desde todo Estados Unidos, tuvieron dificultades para hospedarse: la plataforma de apartamentos de alquiler Airbnb canceló un número desconocido de cuentas vinculadas a la extrema derecha, destacando sus principios de hospedaje independientemente de orígenes étnicos.

Jason Kessler, el organizador de la manifestación, había estimado en Twitter que esta medida equivalía a "un ataque contra la libertad de expresión y los derechos civiles".

Por su parte, Paul Ryan, el líder republicano en el Congreso, denunció la reunión de la extrema derecha como un "espectáculo repugnante", basado en una "intolerancia vil".

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