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Las primarias en California dejan en el aire la supuesta remontada demócrata

Publicado: 06 Junio 2018

Estados Unidos se tomó este martes la temperatura política de mitad de mandato de la era Donald Trump. Las primarias en ocho estados sirvieron para situar el tablero de juego de las trascendentales elecciones de noviembre. De ellos, California se convirtió en un laboratorio gigante del supuesto entusiasmo contra Trump en el que confían los demócratas para que les dé el control de la Cámara de Representantes en noviembre.

California tiene la representación más grande del país en Washington, 53 congresistas, de los que solo 14 son republicanos. De ellos, 7 los ganó Hilary Clinton en 2016, por lo que los demócratas creían tener opciones para desbancarlos.

Los demócratas necesitan ganar 24 escaños republicanos en noviembre. El éxito en California es imprescindible, y la elección del martes no dejó nada claro.

Por un lado, los demócratas consiguieron colocar candidatos en todas esas elecciones para disputar esos escaños. Por otro, los republicanos aguantaron el statu quo californiano (que no les es favorable, pero tampoco se pueden permitir que vaya a peor) y, sobre todo, metieron un candidato en la carrera para gobernador.

Hace pocos meses parecía que por primera vez no iba a haber un republicano en la papeleta. El empresario republicano John Cox demostró la capacidad de movilización de Trump, que puede hacer conocido a un candidato con apenas dos tuits. Sus posibilidades son mínimas, pero deja abierta una carrera que los demócratas esperaban dejar sentenciada.

Las primarias abiertas de California han sido calificadas de “primarias jungla” estos días en el resto del país. Se clasifican para noviembre los dos candidatos con más votos, independientemente del partido. Es decir, existe la posibilidad de que los dos sean del mismo partido.

Ya sucedió así en 2016 cuando dos mujeres demócratas se disputaron el escaño del Senado (ganó Kamala Harris). En esta elección, los republicanos corrían un serio riesgo de encontrarse sin candidatos en las elecciones a gobernador y a senador de California.

En esta ocasión, sin embargo, el entusiasmo de los demócratas había provocado un récord de candidatos para enfrentarse a los republicanos, por lo que se abría la posibilidad de dividir el voto y arruinar el efecto de la ola azul.

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