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Sanando a la comunidad

Publicado: 19 Agosto 2019 | Visto 263 veces

Desgraciadamente, otra vez más la nación está de luto. Hace algunas semanas atrás en un día rutinario como hoy, muchas personas se despidieron de sus seres queridos, de la manera que menos lo esperaban. Ya sea, El Paso u Ohio, la historia se repite. ¿Qué está sucediendo con la gente? Cuando miramos este tipo de malicia, vemos cuán vulnerable es la vida que tenemos. Estos eventos de maldad producen un gran dolor que va más allá del color de piel, raza, edad, género o el idioma que hablemos.

Al escuchar los debates y comentarios en los programas de televisión, me doy cuenta de que todavía las personas no entienden cuál es el problema principal. Algunos todavía creen que la solución está en tener más armas para defenderse. Otros, creen que la solución al problema se encuentra en un cambio de leyes. Ninguna de todas estas ideas puede cambiar estos actos de maldad.

Usted puede ir a un concesionario de automóviles y comprar un auto modelo 1992. Luego lo lleva a su casa y lo pone en la cochera. Al día siguiente, usted busca las herramientas necesarias y le quita toda la parte exterior; las puertas, ventanas, paragolpes, ruedas y espejos retrovisores. Ahora, usted mira el auto que compró y lo único que ve son el motor, los cables, asientos y el manubrio para conducir. Al día siguiente, usted decide ponerle una carrocería nueva, llantas y todo lo que el auto necesita para mirarse como un modelo 2019. No importa si lo mira de lejos o cerca, se ve como un último modelo. Sin importar el maquillaje que usted haga al auto, este sigue siendo un modelo 1992. Porque su comodidad, aceleración, consumo de gasolina y frenado sigue siendo el mismo. ¡Su esencia no ha cambiado! Esto es lo que la gente está intentando hacer con sus ideas.

El Señor Jesús dijo, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19). No importa cuántas armas uno pueda tener. No importa cuántos monumentos uno pueda quitar. No importa cuántas leyes se puedan crear, el problema siempre seguirá estando. Si las personas no cambian lo que hay en sus corazones nunca podrán cambiar sus sentimientos y actos hacia el prójimo. Por lo tanto, nunca podremos solucionar los problemas.

Cuanto más las personas elijan alejarse de Dios, más tragedias y dolor tendremos. Por más que la gente no quiera aceptarlo, la solución se encuentra en vivir una vida como Dios quiere y nos enseña a través de la Biblia. Y está solución siempre comienza en nuestros hogares.

El apóstol Pablo dijo, “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad” (1 corintios 13:4-6). ¡Qué Dios nos bendiga en la tarea a realizar!

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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