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Sanando a la comunidad

Publicado: 01 Noviembre 2019 | Visto 152 veces

Como seres humanos tenemos la necesidad de comunicarnos con otras personas. Compartimos con nuestros amigos y seres queridos, nuestros momentos de alegría, frustración, confusión y tristeza. De una u otra manera necesitamos expresar lo que hay dentro de nosotros. Aprender a compartir trae sanidad mental, emocional, física y espiritual. Abre una puerta que solo tiene picaporte del lado de adentro.

Como cristianos reconocemos la importancia de comunicarnos diariamente con el Creador. Dios nos ha dado la oración como un instrumento para comunicarnos con Él. El Señor Jesús cada día dedicó tiempo para hablar con su Padre Celestial. Santiago nos recuerda en su carta, “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Orar, es aprender a abrir nuestros corazones y expresar lo que hay en ellos. Cuando nuestra comunicación es sincera, abierta y sana; siempre tendrá gran poder para edificar y bendecir. Muchos no son bendecidos, porque eligen no hablar con Dios regularmente.

En la oración hay poder. A través de ella elegimos ejercitar nuestra convicción y certeza (Hebreos 11:1). Las cosas que parecen imposibles para el hombre son posibles con Dios. Pablo dijo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). La oración nos abre la puerta para encontrar fortaleza, consolación y guía ente muchas otras cosas.

Debemos aprender a no ser egoístas en nuestras oraciones. Necesitamos acordarnos de los enfermos, misioneros, predicadores, líderes del gobierno, las buenas obras que se llevan a cabo, los perdidos, etc. Y la mejor manera de recordar es hacer una lista de oración. Siempre debemos estar esperando una respuesta. Porque todas las charlas que tenemos con Él serán respondidas. Dios siempre está escuchando. “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal” (1 Pedro 3:12).

La oración es el camino por el cual podemos bajar la guardia y decirle a Dios como realmente nos sentimos. Al entregarnos a Dios, podemos tener paz mental. ¿Por qué? Porque confiamos de que el Señor tiene control sobre todo lo que esta sucediendo, sin importar cualquiera sea la situación. El apóstol Pablo dijo dos cosas muy importantes en cuanto a la oración. Primero, debemos hablar con Él en todo momento (1 Tesalonicenses 5:17). Segundo, debemos aprender a cultivar una actitud de agradecimiento. Aun cuando la vida nos presenta momentos difíciles, debemos aprender a ser agradecidos (1 Tesalonicenses 5:18). La oración no es una recitación ni algo esporádico sino una necesidad regular de abrir el corazón a Dios y hablar con Él.

La oración no es para poner a Dios al tanto de nuestra vida. Ni tampoco es una lista de cosas que queremos recibir. ¡Dios no es Papá Noel! La buena comunicación siempre produce dos cosas: Aprendemos a conocer a la otra persona y al mismo tiempo, aprendemos a conocernos a nosotros mismos. De la misma manera, la oración nos ayuda a conocer a Dios y a nosotros mismos. Nos ayuda a diferenciar entre aquellas cosas que cosas son realmente importantes de aquellas que parecen serlo.

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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