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Sanando a la comunidad

Publicado: 18 Agosto 2020 | Visto 221 veces

No puedo recordar específicamente cuándo, pero alguien una vez me pregunto, ¿qué es lo más difícil en el trabajo del ministerio? Después de haber pensado un poco, le respondí: el educar a la gente. Educar a la gente es una tarea bien difícil, porque las personas tienen que romper con muchas maneras de pensar que solo lastiman y destruyen. Por lo general, eligen ignorar y no creer en las instrucciones.

Aunque el lavarse las manos es algo bien básico hoy en día; no siempre ha sido así. Siglos atrás la pasión del doctor Ignaz Semmelweiss era traer niños sanos a este mundo. Pero este doctor austríaco estaba muy preocupado porque la mayoría de las mujeres que venían a verlo, terminaban falleciendo. De hecho, una de cada seis mujeres fallecía. Por lo tanto, tenía una tarea abrumadora de tener que realizar autopsias a todas las mujeres embarazadas que habían muerto el día anterior.
Asimismo, en aquel tiempo miles de mujeres en Europa estaban muriendo de la llamada “fiebre del trabajo.” Sus cuerpos al ser abiertos en las autopsias revelaban que estaban llenas de pus. Imagínese usted, a estos doctores poniendo sus manos en estos cadáveres infectados y luego haciendo exámenes a mujeres embarazadas sanas, sin haberse lavado las manos. En algún momento, al doctor Semmelweiss se le prendió la lamparita. Él les pidió a sus estudiantes que se levasen las manos inmediatamente con mucha agua clorada. Como resultado, en tres meses la tasa de muerte bajo de un 18 por ciento a un uno por ciento. Semmelweiss instituyó que todos sus alumnos debían lavarse las manos entre cada paciente que veían. Con algo tan simple y básico, la tasa de mortandad siguió bajando más y más.

Lo interesante de la historia es que los estudiantes y otros médicos en vez de celebrar el éxito del descubrimiento de Semmelweiss, más bien comenzaron a quejarse. Se quejaban de que sus manos se agrietan porque tenían que lavarse las manos muy seguido. El jefe de Semmelweiss no solo lo degrado, sino que también lo despidió. Rápidamente los doctores y estudiantes dejaron de lavarse las manos y la tasa de mortandad volvió a subir grandemente. Uno pensaría que, al mirar subir la tasa de mortandad, cambiarían su manera de pensar. Pero la arrogancia y el orgullo de estos médicos llevo a miles de personas a la muerte. Semmelweiss terminó muriendo en una institución mental, después de sufrir un colapso mental provocado por la ridiculización de la gente, por su teoría del lavado de las manos. Qué irónico es que la gente quiere los beneficios de vivir mejor, pero resisten al cambio de lo que tienen que hacer.

Del mismo modo, Dios ha querido bendecir al hombre; y, sin embargo, el hombre a menudo se ríe e ignora su sabiduría. El tiempo también demostrará la locura de ignorar las verdades que la Biblia contiene. “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos” (Proverbios 3:5-8).

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, La 70183-0067.

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