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Sanando a la comunidad

Publicado: 19 Septiembre 2020 | Visto 192 veces

Ser maltratado es parte de esta vida terrenal que tenemos. No importa qué tipo de maltrato sea, siempre produce algún tipo de dolor dentro de la persona.

Si quiere y puede haga este experimento. Tome un vaso de tamaño mediano o grande y llénelo por la mitad con agua. Ahora, agarre el vaso con una de sus manos y extienda su brazo hacia adelante. Sostenga el vaso por un minuto y luego póngalo sobre la mesa. Nuevamente agarre el vaso y extienda su brazo, pero ahora sosténgalo por una hora. Al finalizar la hora, póngalo sobre la mesa. Descanse un poco, tome nuevamente el vaso, pero ahora sosténgalo todo el día. Podrá ver que, si sostiene el vaso por un minuto, no es ningún problema. Si lo sostiene por una hora, experimentará algún tipo de dolor en el brazo. Y si lo sostiene todo el día, su brazo puede llegar a adormecerse e incluso paralizarse. En cada uno de los casos, el peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sostenemos, más pesado se hace.
Ser maltratado puede llegar a ser un momento desagradable o puede convertirse en una amargura que llevamos toda la vida. Aunque uno no puede controlar lo que otras personas hacen y dicen, si podemos elegir controlar cómo uno responde a los demás.

Perdonar el maltratado de otros es como un vaso de agua. No depende de qué tan grande o pesado es, sino de cuánto tiempo elegimos retenerlo. Debemos recordar que perdonar no quiere decir que excusamos el pecado y decir que lo malo ahora es bueno. Asimismo, perdonar no se trata de obtener justicia. Es simplemente elegir pasar al culpable de nuestras manos a las manos de Dios. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19). Dios sabe cómo tratar a cada persona de una manera justa y Él lo hará en su tiempo y a su manera. Perdonar no es lo mismo que reconciliación. Se requiere dos personas para que haya una reconciliación, pero solamente una, para que haya perdón.

Perdonar no es un sentimiento, sino es un acto, una elección que hacemos. Jesús dijo, “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas” (Marcos 11:25).
Muchas veces experimentamos dolor, injusticia, miedo y frustración; las cuales son fuentes del enojo. Cuando pensamos acerca de ellos por un momento, nada pasará. Si pensamos acerca de ellos por más tiempo, comenzará a doler más. Y si pensamos acerca de ellos todo el día, semanas, meses experimentaremos el estar paralizados. Algunas personas no pueden dormir o estar enfocadas. Cuanto más sostengamos el vaso de agua, más nos lastimaremos a nosotros mismos. Sin perdón es imposible tener una vida de paz y gozo.

Pablo dijo, “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Necesito dejar de sostener el pasado y enfocarme en lo que sí puedo cambiar, mi futuro.

Tan pronto como puedas en la mañana, pon tu vaso de frustración sobre la mesa. Tan pronto como puedas en la mañana, pon tu vaso de dolor y enojo sobre la mesa. Elige no sostener tu vaso todo el día, semanas o años.

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a [email protected] o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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