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Rumbo a los octavos, Muguruza imparable

Publicado: 02 Junio 2018 | Visto 360 veces

Una embestida salvaje, una exhibición que dejó a Samantha Stosur temblando y diciéndose por dentro trágame tierra, porque la diferencia fue tan ostensible que la australiana abandonó la pista con un mareo importante. 6-0 y 6-2, en solo 62 minutos.

Recital y Garbiñe Muguruza ya rumbo a los cuartos, cogiendo cada vez más temperatura y acercándose a ese punto dulce que adquiere cuando la cosa comienza a ir rodada. Poniendo la mirada de los buenos días, de la Muguruza arrebatadora, de la jugadora que cuando entra en ebullición es imparable y se adueña por completo de la escena.

“Me ha gustado mucho jugar en la Chatrier, porque se puede decir que esta es casi la pista más importante de mi carrera. He jugado muy bien, he sabido controlar el partido desde la primera bola”, apreció la número tres.

“Juego de un modo agresivo y hay días en los que la bola va un centímetro dentro o un centímetro fuera, y eso forma parte de mi juego, pero hoy he salido sabiendo lo que tenía que hacer y me ha funcionado muy bien”, amplió.

Así progresó este sábado, en el que una vez más le volvió a tocar madrugar. Abría turno en la central y la meteorología y el ambiente acompañaban, y de la mano Stosur, una veterana para la que los días de vino y rosas quedan ya lejos, cada vez más.

En esa distancia, la australiana (34 años) ha ido diluyéndose conforme la española ha ido haciéndose grande. Caminos invertidos: la una en el viaje de ida y la otra, una década más joven, de vuelta. Un trecho demasiado amplio entre ambas.

De arranque, un rosco en 24 minutos (37º de su carrera) y Stosur todavía con legañas, como si le acabase de sonar el despertador. Y enfrente, Garbiñe a toda máquina, con ganas de hacer algo importante en París.

Pegando desde el fondo con criterio y claridad, aprovechando la bola franca que le concedía su rival y brillando en todas las vertientes del juego. Con un registro mínimo de fallos (9). El drive carbura y el revés también corta, y esta vez no tuvo que asomarse a la red –la volea sigue siendo el punto débil– porque se encontró con un caramelo delante y lo saboreó durante una hora.

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